El Coronel Manuel Antonio Pulido

Virgilio Tosta[1]

 Nació en la Ciudad de Barinas en el año de 1780. Fueron sus padres don Antonio Pulido y León y doña María Inés Briceño Pumar.

Don Antonio Pulido y León era hijo “de Juan Matías Pulido y León, natural de Utrera, España, y de Juana María Quebrado Ramírez de la Banda, natural de Sevilla”[2].

Don Antonio Pulido y León llegó a Caracas hacia 1766, y más tarde fijó su residencia en Barinas, donde desempeñó funciones importantes. Fue alcalde ordinario en 1777, y ocupó el empleo de alguacil mayor del Santo Oficio y juez de llano en los departamentos Barinas, Mijagual y Nutrias.

Doña María Inés Pumar era hija de don Nicolás Briceño de Toro y doña Dominga del Pumar Fernández de La Riva.

De la unión de don Antonio con doña María Inés, vinieron al mundo, además de  Manuel Antonio, otros hijos: Nicolás, Juan José y Pablo María Pulido. Todos próceres de Independencia.

Manuel Antonio Pulido sirvió a la causa de la República desde el propio año de 1810. Fue uno de los doce miembros que integraron la Junta Provincial de Gobierno, elegida en cabildo abierto el 5 de mayo. Y fue también uno de los primeros jefes militares que tuvo la revolución en Barinas. Apenas iniciado el proceso de la emancipación, don Manuel Antonio formó un escuadrón de caballería, en el cual se inició el joven José Antonio Páez, quien había sido peón en el hato La Calzada.[3]. Así lo afirma el Centauro en su Autobiografía: “En 1810, fui llamado por primera vez al servicio en el ejército patriota y me alisté en el escuadrón de caballería que mandaba en Barinas don Manuel Pulido”. Pero, como ha dicho un historiador, el señor Pulido no limitó sus servicios al solo ámbito de la Provincia de Barinas. “Marchó a la de Trujillo, en donde con su nombre y su dinero, levantó tropas que aumentó en Mérida”, para volver a Barinas “a sostener la guerra contra los realistas”.[4]

Con gran entusiasmo y generosidad, abrazaron los barineses la causa republicana. Como prueba de ello, muchos años después, se recordaba en Barinas que, “entre las donaciones para montar caballerías, el coronel Manuel A. Pulido se suscribió con cuatro mil caballos mansos”.[5]

Por decisión de la Junta Provincial, don Manuel Antonio Pulido fue designado Gobernador Político de la Provincia, y su suegro don Pedro Briceño Pumar, Comandante de Armas, ascendido también a Coronel.

Los triunfos de Monteverde y la pérdida de la primera República, hicieron que los patriotas barineses huyeran por los Llanos de Casanare hacia la Nueva Granada. Junto con Pulido y Briceño Pumar, salieron varios miembros de las familias más importantes de Barinas: Pumar, Briceño, Pulido, Mendoza, Olmedilla…

Realizada por Simón Bolívar en 1813, la Campaña Admirable, el futuro Libertador organiza, al llegar a Barinas, el Gobierno de la Provincia. En julio, “repone el Poder Ejecutivo Provincial en el ciudadano Manuel Antonio Pulido que ejercía estas funciones al tiempo de la disolución de la República”, y le confiere autoridad suficiente “para organizar el gobierno político y civil del modo más conveniente a la naturaleza de las cosas en el día…”[6]. Como se encontraba ausente el Coronel Pulido, Bolívar encargó provisionalmente del Gobierno Político, al Coronel Pedro Briceño Pumar a quien restituyó en su empleo de Comandante de la Provincia, para que volviese a ejercer “sus funciones militares”.[7]

Bolívar abandona a Barinas y sigue hacia el centro del país, con el propósito de libertar a Caracas. Pero sus preocupaciones por la suerte de Barinas lo acompañan durante el camino. Desde Guanare, el 19 de julio, escribe a los gobernadores de Barinas, Trujillo y Mérida, para darles instrucciones sobre el manejo de los dineros públicos. Son instrucciones categóricas: las rentas de los estados que se vayan liberando del yugo realista, solo pueden ser invertidas “en los precisos e indispensables objetos de la guerra, economizando todo otro gasto que no se dirija a este fin”. Debía reducirse el número de empleados civiles a los que fuesen de “absoluta necesidad, y estos sin sueldo por ahora”, los cuales serían pagados al terminar la campaña.

Parece ser que Bolívar y Pulido no lograron entenderse. Desde un principio surgieron diferencias en sus relaciones. Es lo que se desprende de la comunicación que Bolívar le envía desde Caracas, con fecha 12 de agosto, en contestación a un oficio de Pulido datado el 27 de julio. La respuesta de Bolívar nos permite ubicar al Gobernador Pulido como partidario del federalismo, un sistema que el Libertador consideraba impropio para el país en aquellas circunstancias. Bolívar le dice: “lamento ciertamente que en el oficio de V. S. de 27 de julio. La respuesta de Bolívar nos permite ubicar al Gobernador Pulido como partidario del federalismo, un sistema que el Libertador consideraba impropio para el país en aquellas circunstancias. Bolívar le dice: “Lamento ciertamente que en el oficio de V.S. de 27 de julio, se reproduzcan las viciosas ideas políticas que entregaron a un débil enemigo una República entera, incomparablemente más poderosa en proporción.

Recorra V.S. la presente campaña y hallará que un sistema muy opuesto ha restablecido la libertad. Malograríamos todos los esfuerzos y sacrificios hechos, si volviésemos a las embarazosas y complicadas formas de la administración que se nos perdió. Vea V.S. cómo no son naciones poderosas y respetables, sino las que tienen un gobierno central y enérgico. La Francia y la Inglaterra disponen hoy del mundo, nada más que por la fuerza de su gobierno, porque un jefe sin embarazos, sin dilaciones, puede hacer cooperar millones de hombres a la defensa pública”.

Bolívar le dice que “pretensiones semejantes” a las del Gobernador Pulido, sólo habían acarreado infortunios, porque hicieron que en la Nueva Granada se produjera  ”una abominable guerra civil que hizo correr la sangre americana”. Sólo la concentración de poderes y de autoridad podía inspirar respeto, pensaba Bolívar. Y de manera categórica, le expresa a Pulido “yo no he liberado a Venezuela sino para realizar este mismo sistema”.

De un párrafo de la comunicación del Libertador, se desprende que Pulido le había manifestado, en su oficio del 27 de julio, que entorpecía su gestión (la gestión de Pulido), el hecho de tener en sus manos el poder soberano sobre la Provincia de Barinas, quien le contesta: “en conclusión para que no quede lugar alguno a la calumnia, y para que haya en V.S. la suprema administración de la justicia civil y criminal sin apelación, reservándome, como en todos los gobiernos que existen, los demás departamentos del poder: la guerra, la paz, las negociaciones con las Potencias extranjeras y la Hacienda Nacional. V.S.; entre tanto, como gobernador de la provincia, será el órgano para la ejecución de las órdenes que se expidan sobre los objetos indicados”.[8]

Con fecha 1º de octubre de 19813 el Gobernador Pulido dirigió al Libertador un extenso oficio, que tiene una gran importancia histórica. En él expone la “situación política y militar” de la provincia. Su lectura da una clara idea de todo cuanto estaba aconteciendo entonces en Barinas, en aquellos días angustiosos y dramáticos. Por su importancia lo insertaremos a continuación:

“Señor General del Ejército Libertador de Venezuela.

La inmediación a los peligros que atacan por esta parte nuestra conquista libertad, me obliga a indicar a Us. Las medidas para impedir el golpe funesto que va a constarnos, cuando no nuestra ruina total, a lo menos mucha sangre, muchos sacrificios, y aún la mayor y más interesantes parte de los Estados de Venezuela.

Los Llanos donde pastan los ganados, y la caballería con que debemos contar para sostener el Ejército de la Unión, serán sometidos indefectiblemente al mando de los tiranos dentro de muy poco tiempo, si no se toman a la mayor brevedad providencias eficaces para sofocar y exterminar ahora los elementos de una conspiración general que se aproxima al hecho por momentos en estos pueblos, y que se deja entrever por unos síntomas que estremecen a la sensible humanidad.

El español Yáñez se halla todavía en San Fernando, ocupado activamente en la obra de invadirnos a la cabeza de un Ejército numeroso con respecto a nuestras fuerzas, el cual, según el libro de órdenes que cayó en nuestras manos, ha reforzado considerablemente con los auxilios que en estos últimos días le vinieron de Guayana, y los que le irán llegando de las reliquias del Ejército de Cajigal, y otros prófugos de esta y de esa Provincia: y yo creo que si Dios no hace un milagro, no podremos resistir estas fuerzas ni frustrar sus conatos, con las poquísimas armas que hemos podido recoger entre los vecinos de estos pueblos.

Compónese el Ejército de Yáñez, de americanos delincuentes y feroces enemigos nuestros, y de españoles agraviadísimos que, animados del grande interés de recuperar sus bienes, respiran además los más vivos deseos de vengarse contra el heroísmo y la bizarría de nuestras huestes que les han expulsado de un suelo que miran como propio.

Tienen éstos bárbaros dentro de nosotros, eficaces agentes y espías; pues no son otra cosa sus mujeres, sus hijos, sus domésticos y aún sus amigos; ellos reciben positivamente, sin poderlo nosotros impedir, los avisos que necesitan de nuestra crítica debilidad, para trazar y determinar su indicada invasión.

Una triste experiencia me convence de esta verdad, corriendo la vista lleno de amargura, a los horrores cometidos en Guanarito, de que yo tengo dado parte a US. Están protegidos estos crímenes por el Ejército de Yáñez, como lo están igualmente las facciones de los indios de San José, jurisdicción de Obispos, las de los zambos de Quintero, y las que han afligido a Guasdualito.

Así resulta de todas las declaraciones tomadas a varios reos que se han cogido por casualidad en distintos partidos; y así lo convence últimamente la noticia que acabo de recibir del Corregidor de Pedraza, relativa a participarme que por tres prisioneros se había informado, que más de 200 hombres acaudillados por dos españoles, intentaban invadir aquella ciudad, y después de ésta (Barinas), a fin de llamar la atención de las pocas fuerzas que tenemos en Achaguas para contener a los enemigos.

Ayer mismo destiné treinta lanceros, que son las armas que tengo, al mando del ciudadano Francisco Olmedilla, para que por medio de una sorpresa deshiciesen a los conspiradores. Si malogra este golpe, ya preveo la dolorosa necesidad de verme sacrificado con este benemérito pueblo, antes que abandonarlo a la inhumana crueldad de estos verdugos del género humano. Semejante desgracia envolverá indudablemente  nuestra débil expedición de Achaguas, que se verá forzada a retroceder de tan ventajosa posición, más para salvarse cada uno de los individuos que la componen, que para favorecernos, sí, como es regular, les persigue a un mismo tiempo el Ejército de Yáñez que obra de acuerdo con estas facciones.

¡Cuán sensible me será ver abandonadas al furor de los enemigos unas vidas tan preciosas como las de unos defensores de la libertad, junto con los inmensos caudales que en estos territorios están ahora prontos para ser consagrados en las aras de la patria, y que en manos de los españoles va a servir para alimentar y sostener a nuestros más atroces enemigos!

US.puede estar convencido hasta la evidencia por la Historia de nuestra revolución, que nuestra primera atención debe dirigirse y emplearse eficazmente en la defensa y conservación de los Llanos que son un almacén de víveres para nuestro ejército y un granero continuo de nuestros pueblos. En este concepto, estoy persuadido de que US. Conoce cuán necesario es destinar a esta provincia una división respetable al mando de un Oficial experto y prudente, para que por tierra ataque al enemigo de San Fernando, ya que es imposible hacerlo por agua como inútilmente me lo propuso desde Calabozo Tomás Montilla el 30 del último agosto.

Si no me pueden enviar soldados, aquí los hay, pues no faltan hombres decididos y con bastante disposición: falta remitirlos por la mayor brevedad, armamentos y pertrechos de todas clases, de acuerdo con este comandante y como US. Lo disponga, y derroten esta fuerza que nos tiene tomada la llave de esta provincia y de todos los llanos; en inteligencia de que la fuerza de Calabozo en nada favorece nuestra defensa con respecto  a Yáñez, pues, ni el Jefe que la comanda ha vuelto a avisar de sus movimientos desde el mes de agosto, ni los ríos y la gran distancia en que se halla de nosotros, proporcionan facilidad para combinar nuestras cooperaciones.

Si US. No toma esta providencia con la velocidad del rayo, yo preveo males incalculables, y aseguro de modo demostrable, que dentro de muy pocos días se internarán los bandidos por esta parte, se comunicarán con los de Coro, y pondrán sobre las armas cuatro mil o más caballos, montados de tantos hombres vagos que, acostumbrados a la torpeza de una vida brutal y selvática, no aparecen otra cosa que la ocasión que les ofrecen los españoles para emplearse en el ruinoso ejercicio de la rapiña y el brigandaje de que han subsistido siempre, a pesar de nuestra vigilancia, que cesará inmediatamente que entren nuestros enemigos a ocupar estos terrenos donde todas nuestras propiedades serán comunes para sus prosélitos.

Tendrá US. que batirse con ellos, al tiempo que otras graves atenciones pidan quizá su presencia; y si logra derrotarles, será después de haber lamentado las desgracias inevitables que presiente un espíritu al tocar de cerca peligros eminentes y ciertos.

Antes de ahora no dejaba yo de esperar estas mismas consecuencias de la obstinada negativa con que se nos privaba de la defensa de esta Provincia, rehusando enviarnos fusiles para recorrer los pueblos, imponerles el orden, asegurar al os sospechosos, exigir donativos y hacer otras muchas cosas útiles a l Estado, que son 50 fusiles era entonces suficiente fuerza para verificarlo; cuando ahora, no sólo no se pueden exigir donativos, sino que es preciso tener una División respetable para lograr apenas la pacificación de estos pueblos, en cuyo objeto estamos gastando todo el numerario que se puede recoger entre los buenos patriotas para costear continuamente expediciones que vayan a contener de pronto tantas conspiraciones como se levantan por todas partes.

Los 1200 españoles que, con fecha 27 de septiembre, se sirve US.avisarme haber llegado a Puerto Cabello, no debían haber hecho tanto ruido como el que se advierte por las medidas que se han tomado de hacer replegar que obrarán contra Coro por el lado de Carora donde es necesario tener precisamente una División fuerte; no sea que todos o parte de esos mil y pico de españoles que han llegado a nuestras costas, desembarquen por Coro o Maracaibo por estos puntos, que han sido en todos tiempos los que han prestado a los conquistadores de Venezuela la senda por donde han conducido las cadenas de la esclavitud.

Más temores debe inspirarnos el Ejército Yáñez, compuesto de hombres conocidos, de militares prácticos del terreno, con relación y conocimientos en todos estos pueblos, donde deben hallar y hallarán efectivamente, un número considerables de soldados y confidentes, al instante que emprendan su marcha contra nosotros. Dinero, armas, víveres y caballerías, todo será, al punto que nos acometa el enemigo, presentado a su disposición, por aquellos que, a pesar de nuestros desvelos, se apandillan en el día a un mismo tiempo, por un instinto diabólico, para destrozar nuestros pueblos con el nombre de Fernando VII, y victoriando, como ha sucedido en Pedraza, a Monteverde, nada cuesta a estos perverso ayudar a los tiranos con nuestras propiedades.

Lo que es más sensible en las circunstancias presentes, es el efecto que han causado las antipolíticas instrucciones que el Comandante genera del occidente ha remitido a nuestros pueblos, para que los abandonen y sigan a reunirse con el Ejército de Valencia, a fin de asegurar sus vidas. Para US.al dicho Comandante General las instrucciones de que le hablo, y vendrá en conocimiento de los males que han podido causar y nos han causado.

Parece que no deben obrar estos efectos los mil hombres recién venidos de España y dar lugar a semejantes providencias; pues esos soldados que acaban de llegar de España pelearán únicamente por ganar sus pagas, y no por vengarse ni defender ningún interés patrio como lo hacen los de Yáñez, a quienes es preciso respetar y destruir inmediatamente, porque mientras permanezcan en San Fernando nuestros enemigos, no se acabarán las facciones de estos partidos, ni dejará de sentirse tristemente los mismos desastres que estamos experimentando; desgracias que ojalá no pasen como lo temo a ser mayor.

Yo he tomado la terrible medida de matar a todos los españoles que tenía presos y cuantos se aprehende, y de dar orden para que pasen a cuchillo a todos los revoltosos a la menor sospecha: más de 30 aprehendidos en Quintero serán víctimas, según la disposición que di para ello ayer. Todas estas desgracias proceden de falta de fuerzas; y lo peor es que al fin se reunirán todos los efendidos y nos arroyarán, para vengarse de estas muertes que nos es forzoso ejecutar contra sus parientes y amigos.

Me horrorizo al conocer la índole de estas facciones: casi todas obran estimuladas de un mismo principio-el deseo de acreditarse los Pardos con los españoles, para que lo premie cuando vuelva, y les eleven sobre los blancos criollos: estas son las miras de nuestros facciosos; porque, al advertir nuestras pocas fuerzas, creen que al fin perderemos y que entonces ellos ganarán. Tan diseminada está esta idea tan subversiva entre los ignorantes, que yo me atrevo a jurar, que la dilación será de avance de Coro hasta Araure, siquiera 200 hombres, para que todos estos partidos estén unidos a favor del invasor, sacrificando primero a la parte sana de la población, sobre cuyas ruinas fundan estos inicuos su felicidad: de manera que al instante estarían en San Carlos amenazando a US. ¡Qué porvenir tan horrendo, pero factible!-derrotar a Yáñez, o tomar el Castillo donde está Monteverde, dentro de 8 o 15 días; o esperar una disolución general y la subsiguiente ruina de la República, en que prometo  quedar envuelto con honor, si por Occidente llegare a amenazar cualquier fuerza. Este es el gran problema que nos ofrece nuestra presente situación, para sucumbir, o ser libres.

Por tanto, repito a US.se sirva destinar prontamente la división que tengo indicada, con las armas y oficiales pedidos; porque, de lo contrario, consumiremos una porción de dinero en costear expediciones para contener a los facciosos que inquietan y afligen a estos pueblos.

Dios guarde a US. muchos años.- Manuel Antonio Pulido.

Postdata. Después de cerrado este oficio, me ha llegado el aviso que original incluyo, por la mayor brevedad, y la noticia confirmada que, por fin, los facciosos del partido Pedraza entraron a aquella ciudad, donde entre otras mil atrocidades, han asesinado al Corregidor ciudadano Pablo Romero, y mal herido al Venerable Cura ciudadano Venancio Bezerra, cuya pérdida debe ser muy sensible a todo el que amare nuestra justa causa. No obstante esta ocurrencia, ha dado orden a Olmedilla, para que siga su marcha a sorprender como pueda con sus 30 lanceros, a los 200 y más invasores; quedando ya con el sobresalto de que, si perdemos el lance y los facciosos arrollan a Olmedilla, correrá esta indefensa capital, la misma y aún peor suerte que Pedraza; siguiéndose precisamente de semejante desgracia, la subyugación indefectible y bien calculada de toda esta provincia. Por tan graves ocurrencias, he dispuesto sea el doctor Ramón Méndez el portador de este oficio, para que a la voz informe a US. lo demás que se omite, por ser prolijo.- Pulido”.[9]

Ya antes, el Coronel Manuel Antonio Pulido había informado al Libertador acerca de las graves amenazas que se cernían sobre los pueblos de Barinas, y en torno a las desgracias que se podían sobrevenir, si de nuevo aquella capital caía en manos de los españoles. Pero el Libertador, parece que no compartía los temores de Pulido, o se revestía de optimismo, porque, en comunicación fechada en Caracas el 21 de agosto, le expresaba al Gobernador de Barinas: “Por el oficio de V.S. de fecha 2 del corriente, quedo enterado de los movimientos que hacen los enemigos por esa parte y de los temores que V.S. tiene por hallarse sin fuerzas que oponerles si adelantan sus marchas. Las ventajas que hemos obtenidos posteriormente, y las disposiciones que he tomado, deben liberar a V.S. de aquel cuidado, reposando en la confianza de que no perdono medio que pueda contribuir a la seguridad y libertad de los pueblos que mis armas han reunido”.

En oficio del 8 de agosto del mismo año 13, el Coronel Pulido avisa al Libertador la entrega de 9.000 pesos, para subvenir a los gastos de la campaña, logrados en donativos, y que, en lo adelante, continuará enviando nuevos aportes. Y reitera la solicitud de los 50 fusiles para reforzar la guarnición. En la contestación, fechada en Caracas el 22 de agosto, que a este oficio hace el señor Rafael D. Mérida, en nombre del Libertador, se expresa la complacencia de éste por la eficaz colaboración monetaria del Gobernador de Barinas. Y se le dice que se expidieron órdenes al Comandante de Guanare, para que pusiera a la disposición de Pulido los 50 fusiles solicitados; y “que una expedición destinada a proteger a los pueblos de Occidente”, había empezado a salir para proporcionar mayor seguridad a la Provincia de Barinas.

Parece que en oficio de 1º de septiembre, don Manuel Pulido había planteado de nuevo “las diferencias tantas veces suscitadas sobre el federalismo o centralismo”, porque el Libertador, preocupado por la situación que cada día se ponía más grave para la República, le respondió el 20 del mismo mes, que el momento no era el más oportuno para examinar formas de gobierno. Que una sola debía ser entonces la preocupación de todos: la defensa del país, y por lo tanto, un gobierno central. Las inquietudes que en aquellos instantes tenía Bolívar, lo hacen aparecer menos optimista que antes; lo que, en cierto modo, justificaba muchos de los temores que va plantear Pulido en su oficio del 1º de octubre.

La verdad es  que las relaciones entre el Libertador y el Coronel Manuel Antonio Pulido no pudieron ser cordiales, y cada vez se deterioraban más. A Bolívar le molestaban algunas cosas del Gobernador de Barinas y la manera como éste se expresaba en su correspondencia. Pulido manifestó al Libertador su disgusto con el Director General de Rentas y el Administrador de Correos, por no haber empleado con él “los términos propios”, y haber traspasado “los límites del decoro”. Tampoco le agradó a Bolívar el tono de las palabras en que Pulido le dio estas quejas, como no le agradaba el lenguaje que solía usar el Gobernador de Barinas en su correspondencia para él. Molesto el Libertador le dice: “Si el Director General no ha empleado con V.S. los términos propios, y si el Administrador General de correos ha traspasado los límites del decoro dirigiéndose a VS., ha debido VS. Manifestarme su queja para proceder en consecuencia, y no prorrumpir en reflexiones ofensivas a mi carácter. Ignoro todavía cuál ha sido el lenguaje del Director general, y en cuanto al Administrador general de correos, puedo asegurar a VS. que no incurrirá en nuevos excesos”. Y finaliza en esta forma: “Concluyo insinuando a VS. que obligado por mi destino a sostener  la autoridad de que soy responsable, haré en lo sucesivo, todo el uso necesario para impedir que se empleen las reflexiones indecentes con que faltando, y no a mi representación, sino a mi carácter particular, se ha propuesto VS. Prodigármelas en todas sus comunicaciones”.[10]

La situación en Barinas era cada vez más difícil. “El Coronel Manuel Antonio Pulido, rodeado ya de cuerpos realistas considerables, tomó una resolución suprema no sólo para salvar las fuerzas que tenía, sino también la población barinesa que estaba más comprometida y que habría sido sacrificada inevitablemente. Reunió mil hombres escogidos, dos mil caballos, dinero, y evacuó la ciudad, en dirección a San Carlos, para reunirse con Bolívar que se dirigía hacia ese mismo punto: llevando y amparando con sus fuerzas una población de cerca de cuatro mil almas que huían de las crueldades de los enemigos”.[11]

Sobre esta retirada, que se inició en los comienzos de noviembre, en 1813, escribirá más tarde el General José de Cruz Paredes, quien participó en ella cuando era un joven con el grado de cabo de caballería: “El Gobernador de la provincia de dispuso abandonar el territorio de ésta, por carecer de las fuerzas necesarias para defenderlo, y reunido mi cuerpo a otras fuerzas de la provincia, marchamos para la de Caracas. Esta fue una retirada difícil y sumamente peligrosa: la opinión se decidía por los realistas; gruesas guerrillas plagaban el territorio en defensa de tal causa; y los patriotas teníamos que dar protección a multitud de familias emigradas que marchaban con nosotros, huyendo al furor español. Los combates, por tanto, fueron casi diarios y muy serios los de Boconó y Tucupido”. A los cuales se sumaron otras acciones de armas: la de la Sabana de San José y la de las proximidades de Guanare. En San Carlos, se unieron al Libertador.[12]

“La facilidad con que las fuerzas de Yáñez, débiles en sus principios, pudieron ocupar toda la Provincia de Barinas” –son frases del Libertador- hacen que éste, desde Valencia le escriba al Gobernador Pulido. Bolívar aprovecha los sucesos para repetirle a don Manuel, que “en las circunstancias actuales, una administración conforme a las reglas ordinarias, no lograría destruir los enemigos”, ni conservar a la Provincia “al abrigo de nuevas agresiones”. Por tanto, era de forzosa necesidad “obrar hostilmente contra los enemigos de la Provincia de Barinas, y someter por la fuerza aquellos pueblos refractarios de la misma, afectos a la causa española, que obstinadamente hacen la guerra a libertad”. Por lo que había dispuesto, que la Provincia fuera gobernada militarmente, como en estado de conquista, por el Teniente Coronel Ramón García Sena, “militar vigilante, lleno de interés por nuestra causa”. Bolívar finaliza: “VS. queda separado por lo tanto del Gobierno, mientras sea necesario que exista en Barinas un Jefe que obre militarmente”.[13]

Seis días más tarde, el Libertador comunica su decisión a la Ilustre Municipalidad de Barinas. El Teniente Coronel Ramón García de Sena, Gobernador Político y Militar de la Provincia, llega a la Ciudad de Barinas en los primeros días del mes de enero de 1814. Nada bueno pido hacer este magnífico oficial en aquellos momentos dramáticos. A los pocos días, emprendió una retirada verdaderamente desastrosa, y la Ciudad de Barinas, tomada por los enemigos, fue blanco de las peores atrocidades.

Apartado del mando, el Coronel Manuel Antonio Pulido se dirigió a Caracas, donde permaneció poco tiempo, porque la proximidad de Boves lo obligó a emigrar. Se fue con la familia y otros compatriotas para la Isla de Curazao, donde estuvo hasta 1817, año en que falleció trágicamente. De tránsito para Haití y en el cumplimiento de una “comisión patriótica”, el barco que lo conducía naufragó en el mar de las Antillas.

Don Manuel Antonio Pulido fue uno de los más esclarecidos próceres de nuestra Independencia. Era un varón con ideas definidas. Su defensa del sistema federalista ante el Libertador así lo confirma. No importa que esta forma de gobierno no fuese la más adecuada para aquellos momentos. En ello pudo quizás estar equivocado; pero tenemos que reconocerle que poseía una clara visión del estado en que se encontraba el país en los años de la guerra a muerte. Los trágicos hechos que dieron al traste con la Segunda República, confirmaron sus dolorosos vaticinios y sus temores. Es innegable que tenía condiciones para el mando militar. No otra cosa se desprende de las páginas de la Autobiografía del General José Antonio Páez, quien inició su carrera de guerrero bajo las órdenes de Pulido. Páez recordó siempre con cariño a su antiguo jefe. En 1842 y siendo Presidente de la República, no vaciló en expresarle al joven estudiante Lucio Pulido: “Si don Manuel Antonio Pulido viviera, (yo) me quitaría estas charreteras y las colocaría sobre sus hombros”. [14] El haber levantado un ejército en Barinas, en medio de tantas adversidades; así como la sabia conducción de la retirada hacia San Carlos, de la cual hemos hablado, son pruebas evidentes d sus dotes militares; aunque, en la retirada, o debe olvidarse el rol que cumplió el Coronel Pedro Briceño Pumar, Comandante de Armas de la Provincia. Ni el heroísmo de un Olmedilla o un Acosta. Pero el Coronel Manuel Antonio Pulido fue realmente el conductor. Y a todas estas cualidades, debemos sumar su patriotismo y su desinterés. Fue un gran hombre este barinés del siglo XIX.


[1]  Tomado de: Tosta, Virgilio. Galería de Ilustres barineses.  Caracas. Academia Nacional de la Historia.1990. pp. 163- 175. Transcripción: Lcda. Arlett Colmenares.

[2]  Vicente Dávila, El Árbol de los Briceños, Caracas. Tipografía Americana. 1927.

[3]   Por la Autobiografía de Páez, sabemos de dos hatos de don Manuel Antonio Pulido: La Calzada y Pagüey. El Presbítero Doctor Enrique María Castro, en su libro sobre curas ejemplares de la Antigua Provincia de Barinas, menciona otros hatos de don Manuel Antonio: Maporal y el Mamón.

[4]  Ramón Azpúrua, Biografía de Hombres Notables de Latinoamérica, Caracas, Imprenta Nacional, 1877, tomo I.

[5]  Lucio Pulido, Recuerdos Históricos, Barinas, Imprenta del Estado, 1958, segunda edición.

[6]  Este discurso de Simón Bolívar puede verse en sus Obras completas, La Habana (Cuba), Editorial Lex, 1950, volumen III.

[7] Idem.

[8]  Escritos del Libertador, Caracas, Editorial Arte, 1969, tomoV.

[9]  Ramón Azpúrua, Obra citada.

[10]  Oficio fechado en Valencia el 2 de noviembre de 1813.

[11]  Lucio Pulido, Obra citada.

[12]  General José de la Cruz Paredes, Memorias de un Prócer Barinés, Imprenta del Estado, 1962.

[13] Escritos del Libertador, tomo V.

[14]  Lucio Pulido, Obra citada.

Acerca de Centro de Investigaciones Sociohistóricas Dr. Virgilio Tosta

El Centro de Estudios Históricos “Dr. Virgilio Tosta” tiene por objeto la creación y consolidación de un espacio para la investigación, la formación, protección, conservación, defensa y promoción de la historia y el patrimonio cultural barinés, que contribuya al fortalecimiento de la memoria y la identidad regional, nacional y nuestroamericana, mediante un criterio interdisciplinario y desde una perspectiva crítica.
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